Cuando finalmente me animé a escribir "Los Hilos de la Montaña"

Durante años tuve historias girando en mi cabeza. Personajes que aparecían en sueños, lugares imposibles que parecían existir en algún rincón del tiempo. Siempre amé la ciencia ficción y la fantasía —esas historias que te arrancan del presente y te obligan a imaginar que hay mucho más allá de lo visible.

Empecé libros decenas de veces. Algunos quedaron en una carpeta, otros solo en mi mente. Siempre me frenaba el mismo pensamiento: ¿y si no puedo terminarlo? Porque escribir un libro no es solo escribir… es sostener una idea viva durante meses, incluso años. Y eso da miedo.

Los Hilos de la Montaña nació hace mucho, cuando todavía no sabía que algún día iba a poder terminarlo.

Era apenas una imagen: una mujer de pie frente a una cueva iluminada por un resplandor dorado, como si la montaña guardara un secreto ancestral. Esa escena se quedó conmigo. Y cada vez que la recordaba, una parte de mí susurraba: "tenés que contarla".

Muchos me preguntan: ¿por qué Italia? La respuesta es simple y a la vez lo es todo: me enamoré de ese país. En 2018, cuando finalmente pude visitarlo, algo cambió en mí. Los pueblos colgados de las montañas, la luz sobre los valles, esa sensación de que cada piedra guarda una historia milenaria... Italia no solo me dio el escenario para este libro, me dio el alma de la historia. Entendí que Los Hilos de la Montaña siempre habían estado esperándome allí.

Pero entre el trabajo, la rutina y las dudas, siempre encontraba un motivo para no hacerlo.

Hasta que un día entendí que si no la escribía, esa historia me iba a acompañar toda la vida como una promesa rota. Entonces decidí: esta vez sí.

No fue fácil. Hubo días en los que pensaba que no tenía sentido, que nadie iba a leerla. Momentos en los que quise rendirme, cuando los personajes parecían más reales que yo misma. Pero me prometí algo distinto: no la iba a abandonar.

Hoy, al ver el libro terminado, siento que no solo escribí una historia. Cerré un ciclo. Dejé atrás todos esos comienzos que nunca llegaron a ser. Y de alguna manera, yo también crucé mi propia montaña.

Escribir Los Hilos de la Montaña fue un viaje —de esos que te transforman aunque nunca salgas de tu escritorio. Y si algo aprendí, es que cada palabra escrita desde el corazón termina encontrando su destino.

🌿 Gracias por acompañarme en este camino.

Si estás leyendo esto, sos parte de esa energía que me dio el coraje para seguir.

Lo que viene después… bueno, lo dejo para que lo descubras entre las páginas.

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